La escasez crítica de combustible en Bolivia y los recientes cambios económicos han provocado que cientos de ciudadanos bolivianos crucen la frontera hacia Argentina para abastecerse de nafta. La situación es particularmente intensa en localidades fronterizas del norte de Salta y Jujuy, como Aguas Blancas y La Quiaca, donde se registran largas filas de personas con autos y bidones en los surtidores argentinos. [1, 2, 3, 4]
Esta "ola" de compradores responde principalmente a dos factores clave:
- Crisis de desabastecimiento en Bolivia: Ante la falta de dólares para importar carburantes y la reducción de stock interno, muchas estaciones de servicio de localidades vecinas como Bermejo o Villazón permanecen vacías, obligando a sus habitantes a buscar alternativas del lado argentino. [1, 2, 3]
- El "Dieselazo" y fin de subsidios: Recientemente, el gobierno boliviano eliminó el subsidio al diésel mediante un decreto supremo, haciendo que el precio de este combustible se disparara más de un 80% (pasando de 9,80 a 17,95 bolivianos por litro). Esto igualó o superó en términos reales los costos del mercado argentino y empujó a transportistas y particulares a buscar también nafta o gasoil de mejor calidad. [1, 2, 3]
El fenómeno ha despertado fuertes reclamos entre los residentes del norte argentino. Las principales quejas apuntan a la falta de reciprocidad en la frontera, ya que los conductores locales denuncian que cuando viajan a Bolivia se les prohíbe cargar combustible o se les cobra una tarifa "internacional" diferenciada con recargos de hasta el 130% por tener patente argentina. Además, las autoridades locales de comunas como Aguas Blancas vigilan de cerca la situación por el temor a que la alta demanda y el contrabando hormiga en bidones terminen generando faltantes para los propios vecinos. [1, 2, 3, 4]