CORONAVIRUS: ¿El fin del coqueo en Salta será parte de los cambios que deje la pandemia?

13 DE ABRIL 2020 - 08:48 El ancestral hábito de coquear vive sus últimos días a nivel popular. Hoy los precios son inalcanzables. El kilo de común parte de los 8.000 pesos, "sele" 12.000, 14.000 y más. Hace exactamente un año costaba 600 pesos. La especulación le dio una estocada final.
¿El fin del coqueo en Salta será parte de los cambios que deje la pandemia?

Finalmente la coca dejó de ser un producto al alcance de los trabajadores y de los norteños en general. Los constantes aumentos de precios que sufrió en los últimos meses tuvieron un pico exorbitante durante la cuarentena, dejando a miles de salteños imposibilitados de adquirir siquiera un mínimo de hojas. 
El kilo hoy cotiza a partir de los 8.000 pesos la común y no tiene techo para la gran variedad de seleccionadas existentes en el mercado local. Hay quienes la ofrecen a 10.000, 12.000, 14.000 pesos y más. Un día como hoy, 13 de abril, hace exactamente un año podía conseguirse todavía a 600 pesos el kilo. La bolsita típica de 20 gr. para el consumo diario, ronda los 300 pesos.


El ancestral hábito de coquear de los pueblos andinos y rurales prácticamente quedó desterrado de estas latitudes, producto principalmente de la especulación. 


Si bien la pandemia de coronavirus le dio la estocada final, la hoja de coca venía sufriendo los embates de los abusos y de la búsqueda de una rentabilidad desmedida. Su precio se vio afectado en los últimos años por la variación del dólar oficial, del blue, de los combustibles, de la canasta familiar, de la campaña electoral en Bolivia, luego de sus conflictos internos del altiplano, del clima y de los vaivenes de la política de cabotaje. En definitiva, cualquier viento de cola arrastraba su precio hacia arriba llevando a la sensibilidad del acullico a niveles de las acciones en la bolsa de valores. Y hoy por hoy, ya nadie coquea. La crisis económica provocada por la pandemia, sumado a los precios inalcanzables de la coca generaron un cóctel difícil de tragar. Y muchos se están acostumbrando a no coquear y tal vez en pocas semanas, la coca pase al olvido y la tradición se transforme en un recuerdo. ¿El fin del coqueo en Salta será parte de los cambios que deje la pandemia?. Todo está por verse. Pero, de lo que podemos estar seguros es que los cambios ocurren aceleradamente.  

 

El coqueo, un hábito milenario

El coqueo en nuestra región se remonta a varios miles de años. En nuestros pueblos, por aquellos tiempos, ya habían descubierto la importancia de la hoja de coca y de la utilización de sustancias alcalinas para una mejor lixiviación de los alcaloides contenidos en la hoja. Usaban la hoja de la coca y la yista, que preparaban con cenizas de plantas y otras sustancias carbonatadas y bicarbonatadas.
En el Valle de Nancho, Perú, se encontraron evidencias de hojas de coca y yista que datan de hace 8.000 años. O sea, en los Andes Centrales de América del Sur coqueamos (con yista incluida) desde hace 2.000 años antes de Cristo. Se trató de un hallazgo del Dr. Tom D. Dillehay y su equipo del Departamento de Antropología de la Universidad de Vanderbilt, Nashville, Estados Unidos. Dichas evidencias se explican en un libro del salteño Ricardo Alonso, en el que se aborda el tema del coqueo.

 

El coqueo desde hace miles de años se ha convertido en una costumbre ancestral arraigada profundamente en el ser andino. Es, además, para los salteños en particular, sinónimo de festejos, meditación, remedio, bálsamo para las tristezas y ofrenda en rituales.

La hoja amasijada en un acullico, acomodada con destreza en el interior de una de las mejillas del hombre de campo, del trabajador, del minero, choferes de colectivo y hasta de los periodistas es ‘compañera y confidente de penas y gloria, es parte íntima de su ser’.
Por su parte, cabe recordar que fue el cerrillano y exdiputado nacional Juan Carlos Castiella (UCR), quien en los años 80 plasmó esta cosmovisión de la coca y el coqueo en el artículo 15 de la Ley 23.737, ‘en el que no se considera la hoja de coca en su estado natural, destinada a la práctica del coqueo o como infusión, como un estupefaciente’.