Un fuerte viento voló el techo de la casa de un bombero voluntario




Ariel López estaba de guardia cuando el temporal destechó su casa. Aún así, el servidor acudió en ayuda de otra familia.

Un fuerte viento que corrió entre la noche del miércoles 18 y la madrugada del día siguiente, y que alcanzó los 70 km/h, tuvo pocas consecuencias registradas, de acuerdo a los datos informados por las instituciones que actúan en casos de emergencias, salvo para la familia López que reside en el asentamiento Nueva Esperanza II, que sufrió un verdadero caos aquella noche.
Los nuevos vecinos de Nueva Esperanza son los más vulnerables a cualquier situación de índole natural que se pudiera registrar, un 80% de los residentes cuentan con una vivienda precaria, realizada con plásticos, chapas o ladrillos simplemente apilados, tal era el caso de la familia de Ariel López (21) un miembro del cuerpo de Bomberos Voluntarios Martín Miguel de Gemes que tiene su cuartel en la Banda Este de la ciudad de Gemes.
En la madrugada del jueves, alrededor de las 3, recibió la noticia de su hermano mayor, que el viento había volado todo el techo de su casa, la que estaba construida con chapas y un porcentaje de plástico, Ariel reside desde hace un año en ese lugar junto a sus padres y uno de sus dos hermanos, "por supuesto que me desesperé pero estaba de servicio, en esos momentos también una familia de apellido Gutiérrez había solicitado nuestra ayuda por una situación similar a la mía, tuve que poner de mi parte, toda mi vocación de servicio, y decidí acudir junto a mis compañeros en auxilio de esta familia", expresó el bombero.
El trabajo para dejar a la familia Gutiérrez en un lugar seguro y reacomodar su casa, llevó algunas horas, luego recibieron llamados por postes peligrosamente inclinados, "una vez que terminamos con esta ayuda acudimos a verificar la situación de los postes caídos, una vez que todo estuvo relativamente en orden y no recibimos más llamados, entonces me dirigí hacia mi casa a ver a mis padres, también me acompañaron mis compañeros y trabajamos sobre lo que quedó de mi casa".
Las chapas que fueron arrancadas de sus ataduras a palos cruzados, no solamente fueron arrojadas a varios metros, sino que también se doblaron como papel, "varios de esas chapas ya no sirven, por lo que de los dos ambientes que teníamos, lo reducimos a uno, yo no puedo volver a mi casa para que ellos estén más cómodos, me quedo en el cuartel", manifestó Ariel.
El ingreso de dinero aportado por la familia es mínimo, su papá es jubilado, su mamá ama de casa y su hermano padece de una muy avanzada dificultad ocular. "Como todos saben en el cuartel de bomberos somos voluntarios, no recibo ninguna paga, en mis ratos libres hago changas para ayudar a mi familia", comenta.
Con respecto a recibir alguna ayuda para paliar esta situación de vivienda, expresó: "sé que es muy necesario tener una ayuda, para nosotros va a ser muy difícil conseguir las chapas antes del inicio de las lluvias, pero soy consciente de que hay otras familias que también las necesitan como para pedir para mí". Para poder techar el espacio que quedó a la intemperie, harían falta unas 8 chapas, eso dejaría las cosas como al principio, recuperarían un ambiente y Ariel podría volver a su estar con su familia, después para comenzar una edificación más segura, también necesitaría todo tipo de material de construcción.

Fuente: El Tribuno de Salta

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